Ella le dijo a su amiga que estaba tratando de encontrar su
camino, pero que a los 47 años eso no era fácil..
Su amiga le respondió que nunca es tarde, que solo es tarde
cuando uno ya partió de este mundo… que ella era una afortunada porque había tenido
ese segundo de tiempo para sentir y pensar si esa era la vida que quería y merecía.
Si Dios, el universo o lo que fuera en lo que ella quisiera creer la había puesto
en este mundo para seguir ese camino.
Ella era una mujer de suerte, podía dudar un instante
y pararse a pensar lo que para muchos era impensable. Elle tenía la valentía de
plantearse el patear el tablero, la sola idea la aterrorizaba pero a pesar de ese terror,
le evaluaba. Y aunque ni siquiera lo
sospechaba esa idea que la atemorizaba y tal vez hasta la paralizaba era lo
mejor que le había pasado en años.
Ella como todos nosotros creció con los principios y pautas que
la rodeaban, tenìa que cubrir las expectativas de la sociedad. Para ser exitosa
debía estudiar, casarse, tener hijos trabajar, ser ama de casa y una excelente
profesional. Y eso fue lo que hizo, cumplió cada uno de los pasos y pautas que le
fueron dados.
Al igual que todos nosotros fue viviendo una vida
socialmente aceptada, pero con cado paso que daba perdía su esencia y ella, a
diferencia de muchos de nosotros, si lo notaba. Fue olvidando sus sueños, anhelos,
esperanzas y ganas. Se olvido, que lo que realmente le gustaba era ver la cara
de felicidad y gratitud aquellas personas a las que ayudaba. O tan solo
sentarse a contemplar la caída del sol mientras sus perros jugaban.
Se olvido de todo eso y a cambio comenzó a seguir los sueños
y vivir la vida de otros. Empezò a perderse a si misma, como cada uno de
nosotros, pero a diferencia nuestra, ella se atrevió a pensar si
realmente eso era lo que de verdad anhelaba. Y con tan solo ese pequeño hecho, que
podía parecer insignificante, cambió el destino de todos los que de verdad la querían y la rodeaban.
No hay comentarios:
Publicar un comentario